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El cultivo de macroalgas en España representa menos del 0,002% del total de la acuicultura. La nada. Una cantidad insignificante, que deja un amplio margen de crecimiento en un mercado que, según los expertos, se ve ralentizado sobre todo por razones burocráticas. Por las complejidades administrativas para iniciar la actividad.
Este porcentaje, calculado por Apromar y recogido por EFE, estima que la cosecha de acuicultura en España supera las 327.000 toneladas, y apenas 5 corresponden al cultivo de macroalgas, comúnmente identificadas como algas.

¿A qué se debe? ¿Qué provoca esta situación? Según Javier Cremades, de la Universidad da Coruña, la situación la causa una falta de tradición y experiencia con este cultivo, además de las dificultades burocráticas antes mencionadas.

En España, explica, estamos muy atrasados en este tema, ya que no hay tradición ni en el cultivo ni en el consumo de algas. Además, la mano de obra es escasa, y para conseguir concesiones hay mucha burocracia. Como apunta Cremades, una empresa que quiera empezar a cultivar, puede estar dos o tres años de papeleos previos, hasta que le dejen un sitio para cultivar.

El cultivo de macroalgas también se enfrenta a problemas de rentabilidad y falta de mercado. Ha habido varios casos de emprendimiento que, tras varios años de inversiones, tuvieron que abandonar por no poder vender el producto. Empezar, sobre todo cuando no se tiene experiencia, es muy difícil. Como dice el experto, es casi una cuestión de artesanía.

En nuestro país, la mayor parte de las macroalgas se obtienen del medio natural, sin mayor intervención humana que su recolección. A pesar de las dificultades relatadas, existen proyectos de acuicultura que producen especies de mayor valor añadido, tanto para la alimentación humana directa, como para ser fuente de compuestos bioactivos.

Hoy, las especies que se cultivan son el 'kombu de azúcar', la 'lechuga de mar' y algas rojas conocidas bajo el nombre de 'ogonori'. La mayoría están ubicadas en Galicia, que acapara el 83% de la producción, mientras que el resto están en Andalucía.

Esta situación no se da solo en España, sino que en Europa es similar. El cultivo comercial de macroalgas supone solo el 4% de la producción total en el continente, mientras que el resto proviene de plantaciones naturales.

Europa no representa ni el 1% de la producción mundial de algas, que se concentra casi en su totalidad en Asia. Allí, sí, el 99% proviene de cultivos, y solo el 1% de poblaciones naturales.

Lo positivo para España es que, partiendo de niveles tan escasos, la producción tiene una tasa de crecimiento elevadísima.

Es un producto al que se le atribuye un amplio potencial para la alimentación humana, además del impulso de dietas más sanas, que además contribuyan a reducir las emisiones de CO2, y abordar la contaminación del agua.

Son conocidas sus aplicaciones como materia prima para la fabricación de otros productos en las industrias alimentarias, agrarias, textiles, biomédicas y farmacéuticas. pero ahora comienza a ganar interés también en la alimentación humana directa, por sus propiedades nutricionales.

Hay muchos productos de uso cotidiano que llevan compuestos de algas, como recuerda César Peteiro, investigador del Centro Oceanográfico de Santander. Podemos encontrar algas en una pasta de dientes, en un yogur o en el estampado de una camiseta. Pero ahora el interés está puesto en la alimentación humana, algo que en Europa es novedoso, pero que en Asia es ya tradicional.

Su impulso llega también por su contribución a la sostenibilidad, ya que pueden directa e indirectamente contribuir a fijar carbono de la atmosfera y oxigenar las aguas, además de ser un cultivo ejemplar de la economía circular.

A medida que continuamos explorando y aprovechando todo su potencial, las algas se consolidan como una industria en constante crecimiento y con un impacto positivo en nuestra sociedad y en el cuidado del medio ambiente.
El cultivo de macroalgas en España representa menos del 0,002% del total de la acuicultura. La nada. Una cantidad insignificante, que deja un amplio margen de crecimiento en un mercado que, según los expertos, se ve ralentizado sobre todo por razones burocráticas. Por las complejidades administrativas para iniciar la actividad. Este porcentaje, calculado por Apromar y recogido por EFE , estima que la cosecha de acuicultura en España supera las 327.000 toneladas, y apenas 5 corresponden al cultivo de macroalgas, comúnmente identificadas como algas. ¿A qué se debe? ¿Qué provoca esta situación? Según Javier Cremades, de la Universidad da Coruña, la situación la causa una falta de tradición y experiencia con este cultivo, además de las dificultades burocráticas antes mencionadas. En España, explica, estamos muy atrasados en este tema, ya que no hay tradición ni en el cultivo ni en el consumo de algas. Además, la mano de obra es escasa, y para conseguir concesiones hay mucha burocracia. Como apunta Cremades, una empresa que quiera empezar a cultivar, puede estar dos o tres años de papeleos previos, hasta que le dejen un sitio para cultivar. El cultivo de macroalgas también se enfrenta a problemas de rentabilidad y falta de mercado. Ha habido varios casos de emprendimiento que, tras varios años de inversiones, tuvieron que abandonar por no poder vender el producto. Empezar, sobre todo cuando no se tiene experiencia, es muy difícil. Como dice el experto, es casi una cuestión de artesanía. En nuestro país, la mayor parte de las macroalgas se obtienen del medio natural, sin mayor intervención humana que su recolección. A pesar de las dificultades relatadas, existen proyectos de acuicultura que producen especies de mayor valor añadido, tanto para la alimentación humana directa, como para ser fuente de compuestos bioactivos. Hoy, las especies que se cultivan son el 'kombu de azúcar', la 'lechuga de mar' y algas rojas conocidas bajo el nombre de 'ogonori'. La mayoría están ubicadas en Galicia, que acapara el 83% de la producción, mientras que el resto están en Andalucía. Esta situación no se da solo en España, sino que en Europa es similar. El cultivo comercial de macroalgas supone solo el 4% de la producción total en el continente, mientras que el resto proviene de plantaciones naturales. Europa no representa ni el 1% de la producción mundial de algas, que se concentra casi en su totalidad en Asia. Allí, sí, el 99% proviene de cultivos, y solo el 1% de poblaciones naturales. Lo positivo para España es que, partiendo de niveles tan escasos, la producción tiene una tasa de crecimiento elevadísima. Es un producto al que se le atribuye un amplio potencial para la alimentación humana, además del impulso de dietas más sanas, que además contribuyan a reducir las emisiones de CO2, y abordar la contaminación del agua. Son conocidas sus aplicaciones como materia prima para la fabricación de otros productos en las industrias alimentarias, agrarias, textiles, biomédicas y farmacéuticas. pero ahora comienza a ganar interés también en la alimentación humana directa, por sus propiedades nutricionales. Hay muchos productos de uso cotidiano que llevan compuestos de algas, como recuerda César Peteiro, investigador del Centro Oceanográfico de Santander. Podemos encontrar algas en una pasta de dientes, en un yogur o en el estampado de una camiseta. Pero ahora el interés está puesto en la alimentación humana, algo que en Europa es novedoso, pero que en Asia es ya tradicional. Su impulso llega también por su contribución a la sostenibilidad, ya que pueden directa e indirectamente contribuir a fijar carbono de la atmosfera y oxigenar las aguas, además de ser un cultivo ejemplar de la economía circular. A medida que continuamos explorando y aprovechando todo su potencial, las algas se consolidan como una industria en constante crecimiento y con un impacto positivo en nuestra sociedad y en el cuidado del medio ambiente. leggi di più leggi meno

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