00:00
04:45
El aceite de girasol vivió un año complicadísimo en 2022. Su precio se disparó, e incluso hubo un temor real a que se produjera una situación de desabastecimiento. Y todo como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania, uno de los principales productores mundiales, y responsable del suministro del 60% del aceite de girasol que se consumía en España.
Por si fuera poco, la crisis iniciada por la guerra se vio potenciada por la situación climática. Las temperaturas extremas que azotaron España el pasado verano fueron un auténtico lastre para la producción. Los expertos aseguran que el golpe de calor que se vivió a comienzos del pasado junio, con temperaturas que sobrepasaron los 40 grados, afectaron de forma negativa al girasol, que estaba en ese momento en plena floración y llenado de grano.

Una situación de escasez que se tradujo, evidentemente, en una fuerte subida de precios. Como recuerdan desde la Asociación Española de Girasol, en declaraciones recogidas por EFE, si antes del conflicto la tonelada costaba unos 340 euros, tras varios años de subida, en 2022 llegó a superar los 1.000 euros. Un precio que después ha ido moderándose, pero que aún se mantiene un cuarto por encima de los niveles previos.

Este incremento de precios, además, arrastró al resto de aceites, incluyendo al de oliva, que acabó 2022 en niveles máximos, influido, además, por el aumento de los costes, la sequía y las malas previsiones de cosecha.

Es verdad que los momentos más críticos parece que ya se han superado. El riesgo de desabastecimiento, con las familias haciendo acopio, y los supermercados limitando la compra, han quedado atrás. Pero ha sido un recordatorio sobre lo repentinamente que puede romperse la cadena de suministro, recuerdan desde la Asociación Española de Girasol. "La disponibilidad física de materia prima agrícola es un requisito necesario para asegurar los alimentos", insisten.

¿Y ahora? De momento, en Ucrania hay dos millones de hectáreas que no va a poder sembrarse, por la guerra, lo que seguirá presionando los precios al alza.

El año pasado, España se vio obligada a comprar girasol a Rumanía y Bulgaria, pero no tienen previsto incrementar su superficie destinada a este cultivo, así que tampoco tienen la solución definitiva.

Mientras que a nivel mundial el consumo de aceite de girasol sigue creciendo, por un lado, porque está utilizándose en la industria alimentaria para sustituir productos de menor calidad, como su homólogo de palma. Además, hay una clase media en los países menos desarrollados que cada vez demanda más alimentos procesados.

En este contexto, los productores españoles seguirán apostando por el girasol. El 2022 fue un año en el que ya se plantó como hacía décadas que no se hacía, aunque es verdad que la sequía lastró el resultado final. Y ahora se cultivarán unas 800.000 hectáreas, una cifra ligeramente inferior, debido a que en algunos territorios toca plantar cereal, como parte de la rotación de cultivos.

Un año después del inicio del conflicto en Ucrania, ahora el mercado mundial es más ágil, profesional y dinámico. El girasol se ha convertido en una commodity, con un precio que se regula por factores internacionales.

El aceite de girasol es el más consumido en los hogares españoles, pero también el más dependiente de las importaciones. Con lo aprendido y sufrido en el último año, el reto para el sector en 2023 es recuperar la producción y el consumo de este aceite saludable y versátil.
El aceite de girasol vivió un año complicadísimo en 2022. Su precio se disparó, e incluso hubo un temor real a que se produjera una situación de desabastecimiento. Y todo como consecuencia de la invasión rusa de Ucrania, uno de los principales productores mundiales, y responsable del suministro del 60% del aceite de girasol que se consumía en España. Por si fuera poco, la crisis iniciada por la guerra se vio potenciada por la situación climática. Las temperaturas extremas que azotaron España el pasado verano fueron un auténtico lastre para la producción. Los expertos aseguran que el golpe de calor que se vivió a comienzos del pasado junio, con temperaturas que sobrepasaron los 40 grados, afectaron de forma negativa al girasol, que estaba en ese momento en plena floración y llenado de grano. Una situación de escasez que se tradujo, evidentemente, en una fuerte subida de precios. Como recuerdan desde la Asociación Española de Girasol, en declaraciones recogidas por EFE, si antes del conflicto la tonelada costaba unos 340 euros, tras varios años de subida, en 2022 llegó a superar los 1.000 euros. Un precio que después ha ido moderándose, pero que aún se mantiene un cuarto por encima de los niveles previos. Este incremento de precios, además, arrastró al resto de aceites, incluyendo al de oliva, que acabó 2022 en niveles máximos, influido, además, por el aumento de los costes, la sequía y las malas previsiones de cosecha. Es verdad que los momentos más críticos parece que ya se han superado. El riesgo de desabastecimiento, con las familias haciendo acopio, y los supermercados limitando la compra, han quedado atrás. Pero ha sido un recordatorio sobre lo repentinamente que puede romperse la cadena de suministro, recuerdan desde la Asociación Española de Girasol. "La disponibilidad física de materia prima agrícola es un requisito necesario para asegurar los alimentos", insisten. ¿Y ahora? De momento, en Ucrania hay dos millones de hectáreas que no va a poder sembrarse, por la guerra, lo que seguirá presionando los precios al alza. El año pasado, España se vio obligada a comprar girasol a Rumanía y Bulgaria, pero no tienen previsto incrementar su superficie destinada a este cultivo, así que tampoco tienen la solución definitiva. Mientras que a nivel mundial el consumo de aceite de girasol sigue creciendo, por un lado, porque está utilizándose en la industria alimentaria para sustituir productos de menor calidad, como su homólogo de palma. Además, hay una clase media en los países menos desarrollados que cada vez demanda más alimentos procesados. En este contexto, los productores españoles seguirán apostando por el girasol. El 2022 fue un año en el que ya se plantó como hacía décadas que no se hacía, aunque es verdad que la sequía lastró el resultado final. Y ahora se cultivarán unas 800.000 hectáreas, una cifra ligeramente inferior, debido a que en algunos territorios toca plantar cereal, como parte de la rotación de cultivos. Un año después del inicio del conflicto en Ucrania, ahora el mercado mundial es más ágil, profesional y dinámico. El girasol se ha convertido en una commodity, con un precio que se regula por factores internacionales. El aceite de girasol es el más consumido en los hogares españoles, pero también el más dependiente de las importaciones. Con lo aprendido y sufrido en el último año, el reto para el sector en 2023 es recuperar la producción y el consumo de este aceite saludable y versátil. leggi di più leggi meno

circa un anno fa #aceite, #agricultura, #calor, #campo, #cultivo, #familias, #girasol, #guerra, #invasión, #pipas, #precio, #producción, #putin, #rusia, #sequía, #supermercado, #ucrania, #ventas